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I read, you read, zebra reads, ilustración de Da-Hye Choi.
Sin mirada miope
Columna de Omar Rivera
Voy a ser claro, la programación de Caracol después del noticiero del mediodía, me fastidia, tanto así, que a veces el almuerzo se me devuelve. Parece que no fuera suficiente con la entretención en horas de la noche, con novelas de argumentos quemados y realities doblados -¿no les basta con los fines de semana?-
Después del noticiero inician dos programas llamados El precio es correcto y luego Do Re Millones, donde personas del público bailan y gritan (de forma fingida) y compiten para ganar cierta cantidad de dinero, la única diferencia entre estos dos concursos es que el uno, para ganar, requiere de adivinar precios, y el otro, se mueve con una orquesta donde se deben comprar instrumentos y se descubren canciones. La misma mierda pero en distinto plato.
RCN no se escapa, después de las noticias del mediodía, inicia un programa llamado Doctor S.O.S -sí, hay una luz interesante por lo menos- pero luego, inicia su tarde cagada, perdón, cargada de telebobelas mexicanas que en su mayoría son novelas re-fritas, novelas que se hicieron hace años, pero que al fin y al cabo, sirven para entretener. No es justo.
Soy un espectador que exige mayor calidad de contenido en los productos televisivos que consume. Pareciera que todo estuviese diseñado: mientras una madre de familia hace los quehaceres de la mañana, ve un magazine mañanero, luego, después de haber servido el almuerzo, se sienta en el sofá de la sala de su casa, durante toda una tarde, a ver cómo una estúpida pareja intenta ser “feliz” mientras el maligno y envidioso mundo le dice no a todo un paraíso de amor. En serio, ¿es que no hay más? Necesitamos otro tipo de televisión, una que nos cuente un país, una sociedad, que nos cuente de qué está hecho Colombia.
Recuerdo cuando Omar Rincón en algún momento dijo: es que ellos nunca pierden. Quizá tenga razón. Cómo van a perder, si son los dos canales más entretenedores de la televisión colombiana, que se jactan de ser los más vistos, con una cobertura enorme.
No es justo que un niño llegue del colegio, almuerce, haga sus tareas, y se dedique toda una tarde a estar sentado viendo cómo una pendeja orquesta se gana $200.000 por instrumento. No es justo tampoco que una mamá, se acueste toda una tarde, de lunes a viernes, a ver cómo Alberto del Alto Peñares del Valle del Cordero intenta desesperadamente salvar a Guadalupe de las Rosas Váquez de Castañón de las garras carnívoras de un mundo egoísta, mientras aquí, en Colombia, ocurre algo como lo de la Fiscal Viviane Morales, cuya elección fue declarada nula por el Consejo de Estado, como si en este país no se pudieran hacer las cosas bien.
La única forma de hacer perder a estos dos canales, es obedecer al dicho “apague y vámonos” o aún más sencillo, cambiar de canal. Ya basta de pésimo contenido, en nuestro país existe una hibridación regional grandísima; necesitamos saber de qué está hecho el Chocó, la Guajira, el Tolima, los Llanos Orientales, el país entero, y no seguir sentados, todos los días de la semana, frente a una pantalla que hace más vegetales que televidentes. Existen canales como Señal Colombia que son realmente un modelo de la televisión hecha con seriedad y compromiso, que nos curan del bombardeo mediocre de los canales de reinas y reinados del tipo RCN y Caracol en los cuales nos estamos empotrando.
Sin mirada miope
Columna de Omar Rivera
Hemos sido criados pensando que el único terrorismo que existe es el que hacen las guerrillas, pero olvidamos que el Estado tiene también su gota fría. Para reconocer esto debemos alejarnos de la manipulación diaria de RCN y CARACOL; cuesta, pero hay que hacerlo.
En estos días me encontré con un vídeo que está circulando de forma apresurada por redes sociales, cuyo nombre es “¡EL VÍDEO QUE EL GOBIERNO COLOMBIANO NO QUIERE QUE VEAMOS!” Es una muestra de lo que ocurrió hace unos días en El Quimbo (Huila). En él aparece un grupo del ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios) desalojando a Campesinos y Pescadores que se manifiestan en contra de la construcción de una hidroeléctrica. Lo indignante del vídeo es la forma violenta y criminal del desalojo.
¿Qué o quién es tan machito de enfrentarse a alguien del ESMAD? Nos da miedo, aceptémoslo. Pero ojo: no hay que confundir ese miedo que nos obliga a la quietud, con ser un apátrida –aunque en tiempos modernos ser un apátrida resulta tentador-. En el vídeo, miembros del ESMAD lanzan gases a un pequeño grupo de pescadores que suben por el río; es innecesaria la fuerza, los campesinos responden al desalojo de forma pacífica, sólo que, y ya lo he notado antes, el ESMAD siempre provoca: los he visto bailar frente a estudiantes sentados, los he visto sonreír –cínicamente- detrás o al frente de alguna marcha estudiantil, en alguna ocasión desde lejos los vi hacer pistola mientras golpeaban a un vendedor de dulces que no quería apartarse de su camino.
El ataque es injusto, desproporcionado. Habría que ver o imaginar a algún miembro del ESMAD corriendo río arriba, pero sin armadura, así, a pie limpio, sin gas, sin granadas aturdidoras, verlo corriendo en pantaloneta con una camiseta amarrada a la cabeza para que lo cubra del sol, quizás así, dé más risa que miedo. Más justo, por lo menos.
Los niños del video crecerán con terror frente a un señor de armadura negra y careta en el rostro. No quiero pensar en lo que pueda ocurrir con Bladimir Sánchez, la persona que grabó, editó, y subió el vídeo a Internet, en las amenazas que pueda recibir, esperemos que no. Esto me recuerda una historia de terror llamada Nicolás Castro, hace falta estar atento en Facebook, para darse cuenta que existen miembros del ESMAD que amenazan personas virtualmente. ¿Fotos o pruebas? En Internet hay muchas, y hasta nombres.
Me da tristeza que en este país ocurran hechos como estos, pero no olvido que seguimos en el país del sagrado corazón, y que aquí vale más lo que nos conviene que lo que merecemos. Nos indignamos cuando nos sentimos agredidos, pero cuando vemos que es otro el que está siendo ultrajado, nos importa un culo, y nos vamos. Así de sencillo. Lo que ocurre en El Quimbo no es más que un modelo que notifica que el terrorismo es de ambos bandos y que no puede seguir siendo usado como títere mediático de alguna potestad con intereses. Lo de El Quimbo puede ser uno de muchos casos, desde el policía que golpea a un motociclista –lo vi alguna vez sobre la carrera quinta de Ibagué- porque no obedece las ordenes de la autoridad, hasta el pandillero que quiere ganar territorio a punta de muerte y miedo.
En Colombia no sólo las Farc son terroristas, también el Estado, y los mismos colombianos. No reconocerlo es no estar atento a lo que realmente ocurre en el país, simplemente hay que salir, abrir los ojos y comprobar cómo funcionan las cosas. El Quimbo es un ejemplo de terror, qué digo de terror, de terrorismo de Estado.
Al alcance de un click
Quizá Gutenberg no alcanzó a imaginar que cinco siglos después la humanidad fuese inundada por pantallas que lograran entregar información de forma inmediata. Es cierto que los medios digitales tienen sus pros y sus contras frente a los medios impresos, pero, fuera del romanticismo que genera el papel, diría que los medios digitales en su mayoría pueden ofrecer la misma calidad en cuanto a su contenido. La discusión entonces sería de forma.
Los medios digitales tienen la fortuna de llegar a cualquier parte del mundo en cuestión de segundos y, en su mayoría sin ningún costo. Información y calidad de forma gratuita. A estas alturas ya hay aplicaciones que le permiten al lector agregar contenidos de diversos medios virtuales, por lo tanto, ha sido un formato que se ha ido ajustando a las comodidades del usuario. Punto extra: los medios digitales cuentan con la amplia interacción entre el autor/ medio y el usuario/lector. Sin hablar de la multimedia. Pensaría que son más los pros que los contras pese a que los impresos viven en la cuerda floja ante la amenaza de lo digital (por el bien de los medios virtuales, los medios impresos, jamás deben desaparecer), debido a su economía y accesibilidad. Cada vez son más los medios digitales creados que ofrecen otro tipo de información y de visión, que los medios de papel que requieren de una gran inversión para su producción, distribución y consumo.
Así como Gutenberg le dio impulso al mundo de las letras con la imprenta, hoy, la red está estimulando la variedad de contenidos y funcionalidades. Pensar en que un bando es el bueno y el otro es el malo, sólo llevaría a que se desprestigie y se sesguen los formatos a los que se están llevando los medios, no podemos olvidar que frente a lo digital puntúan cuatro principales ventajas: ecología, disponibilidad, economía y alcance. Eso ya es mucho que decir a favor de lo digital y se demuestra con el actual estado de consumo de medios en Colombia.
Un cigarrillo encendido es una vida que se consume, cuando está a la mitad, se está a los 40. Hay un cigarrillo que al ponerse en el cenicero, se apaga, en el instante. Hace falta tomarlo, volver a aspirar, y todo sigue de nuevo.
¿Habría que morir fumando?
Té y lectura, de Olga Demidova
Feliz lunes, feliz cambio de título, feliz modernidad, feliz vanguardia, felices todos. Feliz ninguno.